Madurez Espiritual: Lecciones de Pablo

Paul era un hombre extraordinario, no porque él era extraordinario por su propia fuerza o personalidad, pero porque su Dios es un Dios extraordinario. El libro de Hechos muestra a Pablo como un hombre quien somete al Espíritu Santo. De Hechos 8, cuando Pablo estaba persiguiendo a Cristo (Hechos 8.3), a capítulo 9 y su conversión, la transformación no solo era algo drástico, pero parece instantáneo. En versículo 18 Pablo es bautizado y rápidamente leemos en versículo 20 ya está proclamando el evangelio. Sin embargo, saltamos sobre una frase pequeña en versículo 19: “Y estuvo Salud por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.” Hay mucho que decir, muchas especulaciones para hacerse, y interpretaciones de acciones que puede ser desarrolladas de esas palabras.
Pero, miro a esas palabras amor solo para poner la atención en un punto sencillo. Como un creyente nuevo, era esencial que Pablo fuera dispulado, después de todo, algunas de las últimas palabra grabadas de Cristo no solo dicen vaya y haced discípulos (Mateo 28.19-20) pero concluye con un animo que podrían cumplir esta tarea cuando llega el Espíritu (Hechos 1.8). Entonces, Pablo, llamado por Dios, aprendía directamente de los discípulos.
Nuestra atención debe ser enfocada en este punto porque tenemos tendencia a elevar a Pablo sobre  un estado humano. Él aparece como um hombre quien necesitaba la gracia y extendía la gracia. Nos olvidamos que era un hombre caída quien existía en una necesidad de ser rescatado como nosotros. Por lo tanto, era en el mismo proceso de santificación progresiva que nos encontramos a nosotros mismos: como una gente quien extiende gracia y necesita la gracia.
El testimonio de Pablo, un asesino a mártir, es uno que enfatiza no la humanidad de Pablo pero el Dios de Pablo. Mientras pensamos de las marcas de la madurez espiritual, es interesante a ver el proceso de Pablo. Como Pablo fue de justificación a glorificación, hay una progresión de declaraciones que debemos valor. Entonces, considera los siguiente versículos:
  • Porque yo so el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguía a la iglesia de Dios. ~ 1 Corintios 15.9
  • A mí, que soy menos que el más pequeño de todos Los Santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las  inescrutables riquezas de Cristo. ~ Efesios 3.8.
  • Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. ~ 1 Timoteo 1.15.
Cada unto de estos versículos están compartidos en el orden cuando Pablo los escribió, primeramente con 1 Corintios y terminando con el versículo de 1 Timoteo. En cada versículo, él describe su estado. Primero, es el último de los apóstoles, pero se graduó al nivel del último de los seguidores de Cristo, hast el punto final cuando Pablo describe a su mismo como el último de todas las personas (o pecadores).
No quiero especular en la carácter de Pablo mucho cuando la Escritura no dice algo directamente, pero de su creencia y comportamiento durante el libro de Hechos, podemos concluir fácilmente que probablemente Pablo era un hombre orgulloso. Es una conclusión de la realidad que él era un hombre. Pero, un producto de su posición durante su vida antes de aceptar a Cristo probablemente instigar un nivel profundo de orgullo. Pero la progresión de santificación revela su humildad. Se va de una vista de su mismo como el menos de algunas personas a una vista como un hombre como el menos de todas las personas. Más importante es a ver el tono de los escritos de Pablo cuando mirar el contexto de sus palabras. Nada de esas declaraciones aparecen de la humildad falsa que es motivada por el orgullo, pero podemos interpretarlo como una declaración genuina.
Estoy convencido que esas declaraciones no son de una posición de gran condenación, pero de gran convicción. Ciertamente, Pablo era un hombre quien reconoció quien era, quien es Cristo, y quien era sin Cristo. Convencido profundamente de esos aspectos compela a Pablo renunciar so orgullo y reconocer a Jesús.
La misma necesidad existe hoy en nuestras vidas. No necesitamos condenarnos como la ley ya ha hecho y Christo expió por esto. Pero, necesitamos la convicción; convencido por la profundidad  de nuestro pecado, renunciamos el orgullo y el control de nuestras vidas y nos sometemos a Cristo. Este es porque el abismo profundo de nuestro pecado no es vencido por nuestros actos de bondad intrascendentes. En lugar, están expiados por Cristo a través de su muerte, entierro, y resurrección. Entonces, como Pablo, estamos en el proceso y es posible que su progreso de santificación puede animarnos.

La foto “Steps to Heaven” es de usuario Visit Lakeland y Flickr.