Jesus ~ El revelador de pecado

Desde los comienzos iniciales, el pecado infiltró el mundo y creo una destrucción que hasta hoy continua infligir estragos en nuestro mundo. Tan rápido el pecado entró al mundo que nuestro libro de historia (la Biblia) casi no registra una era cuando el pecado no existe en este mundo. La historia bíblica cuenta subversiones repetidas  a la autoridad de Dios a través la sumisión de su propia autoridad por pecado. Las cuentas nunca muestran el pecado en una luz positiva; en lugar el pecado siempre traje catástrofe y condenación a través el juicio de Dios.
El pecado encontró su lugar en el mundo, y mientras lo hizo, el Señor proporcionó enseñanza y corrección para que el mundo puede denegar el pecado y buscar El Salvador. Pocos de nosotros nos damos cuenta que cuando el Salvador vino, el pecado fue transformado. Ciertamente, su naturaleza, su forma, y sus consecuencias no cambiaron. Pero, la encarnación trajo la revelación y la derrota del pecado.
En el medio del discurso de despedida, Jesús a sabiendas instruye a los discípulos sobre lo que está por venir: rechazo y odio del mundo. ¿Cómo existe el odio tan fuerte?  Porque Jesús revela su pecado. Él anota, “Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado” (Juan 15.22). Podemos preguntarnos, “¿Por qué ahora?” No solo ha existido el pecado desde Genesis 3, pero coincidió con la condenación de Dios contra el pecado también. Siempre el pecado era algo maś que malo porque es una actividad que subvierte la gloria de Dios. Entonces, las palabras de Cristo aparecen contrario al que leemos, ¿No? ¿La gente no siempre tiene culpa por su pecado?
Más temprano en el evangelio de Juan, podemos leer, “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y está e la condenación: que La Luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que La Luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece La Luz y no viene a La Luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a La Luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3.18-21). Jesucristo es la luz visible que nadie vio antes. Esta luz brilla intensamente para exponer todas las obras por lo que son en la luz de un estándar más alto. Mientras las personas se comparan a otras personas, todas las obras son reveladas en La Luz de lo quien es Cristo: absolutamente puro y absolutamente santo.
Cuando este punto es reconocido, el pecado está elevado a un nivel indescriptible de seriedad. Como un resultado, hay dos respuestas: sanción o rechazo. Aquellos que tienen su pecado expuesto sancionarán la corrección o el rechazo de la solución. Por sus propias palabras, Cristo explicó que toda las personas no tienen una excusa por su pecado (Juan 15.22). La venida de Cristo en nuestro mundo saco cualquiera vindicación, exoneración, racionalización, explicación, o justificación que la gente tiene por sus pecados.
La revelación de pecado por Cristo traje convicción, no solo por la condenación, pero por la santificación también. Este revelación compela cada uno de nosotros a examinar nuestros pecados en la luz de la santidad de Cristo, una examen que nos dirige al desarrollo de actitudes y acciones como Cristo. En la misma manera, nuestras vidas deben revelar los pecados del mundo a través de nuestra santidad, no por la condenación de otras y una elevación de nosotros mismos, pero como un ejemplo de la esperanza de una vida en la presencia del Señor Jesucristo.

Photo “Love, Life, God” courtesy of user Kaustubh Moghe and Flickr.