Living for the Glory of God ~ Vivir para la Gloria de Dios

Un lugar cristiano en el medio de los escándalos sexuales

Pasó otra vez esta semana. Un otro escándalo sexual y otra persona deshonrado, este vez resultó en la abdicación de un hombre como el gobernador de Missouri. Este llega después el despido de Paige Patterson en Southwestern Baptist Theological Seminary por la manera de manejar algunos asuntos con el sexo opuesto. Globalmente, el vaticano está buscando una manera para controlar el daño en Chile, con el temor que las alegaciones van a destruir la confianza en Sudamérica como pasó en Norteamérica. El punto es, el sexo reina, no solo en los foros de entretenimiento, pero los medios de la comunicación también.
Es raro que una emisión de noticias por la noche pasa sin la mención de un escándalo sexual. Cada vez, hay un grupo de gente que registra conmoción cuando una persona a la que una vez idolatraron cae de su pedestal. Pero, ¿tenemos el derecho de estar conmociones a cada revelación nueva?
El autor Malcolm Gladwell estipula que el principio del punto de inflexión está operando en nuestra sociedad. El concepto es que una serie de eventos pequeños pueden traer un punto cuando una acción menor puede causar una cascada de cambios sociales. Algunos citaron Columbine y la aumenta de tiroteos en las escuelas como un ejemplo del principio de Gladwell. Por los escándalos sexuales, especialmente aquellos de naturaleza política, los events durante la era del Presidente Bill Clinton aparecen como el punto de inflexión.
Hay mas para considerar. Uno de los principios básicos que un estudiante aprende en la escuela es que cada acción tiene una acción igual y opuesta. La tercera ley de moción es físico en su naturaleza, pero la aplicación atraviesa disciplinas. En la Escritura, vemos que cada acción de pecado tiene una reacción: la iniciación de consecuencias. La proposición en curso de nuestra sociedad de devaluar el sexo va a tener consecuencias.
En privado, el concepto de sexo está tratado casualmente, tan es así que la consciencia personal es mínimo. Solo cuando encuentra tracción en el lugar publica el asunto de moralidad se hace pertinente. Si hay solo poca convicción privada, no hay legitimidad a convicción publica. Entonces, la pregunta se queda: “Hemos perdido nuestro derecho de quedar impactados por las constantes revelaciones de corrupción sexual?
En las próximas semanas, podemos anticipar una letanía de chistes sobre el gobernador de Missouri, Eric Greitans, por los eventos transpirando sobre su infidelidad sexual. In la misma manera la publica era la receptora de humor por los eventos de Anthony Weiner, Harvey Weinstein, y más. Pero, mientras la publica ridiculiza a las personas por entregarse a las tentaciones sexuales, en el mismo soplo ridiculiza a las personas que quieren mantener un testimonio que es consistente con un nivel de moralidad que este teme merece. Cuando vicepresidente Mike Pence compartió las protecciones que activó en su propia vida para mantener pureza perpetua y una profesión positiva, la reacción inmediata era una de condenación por pensar en una manera arcaico. Pero, si su testimonio es uno irreprochable mientras muchas fracasan, ¿Estas protecciones están irrelevantes a los fracasos moralidades de hoy?
Sencillamente, anotando la duplicidad de esas reacciones fallará a generar una respuesta de la cultura. En cambio, si somos felices en Dios y deseamos a honrarlo, como cristianos tenemos dos respuestas. La primera respuesta requerida es poner protecciones en acción en nuestras vidas. Con certeza sabemos que la seducción existe, y no solo va a continuar florecer, pero continuará cultivar más oportunidades para florecer. Por el bien de proteger nosotros mismos y nuestras familias, setos de protección no son opcionales, son requeridas. Segundo, debemos proteger nuestro testimonio. Manteniendo un testimonio intachable no es por nuestra gloria, pero muestra la gloria de Dios. A través de nuestro testimonio, presentamos una vida diferente que el mundo ofrece.
No puede decir, “Hagalo.” Diciendo solo esto reduce obediencia a una concepción moralista y legalista. Una defensa apropiada contra la devolución sexual de la sociedad puede existir cuando estamos motivados por un amor por Dios y otras personas. Las consecuencias de la devolución sexual de la sociedad son severas. Ciertamente, un amor de Dios y otras debería estimular acción para proveer protección de esas consecuencias. Más bien que ver vidas y familias destruidas, amor compela la protección y la responsabilidad.
La preocupación de mantener una moralidad positiva de sexualidad no es un tema que consideramos sin seriedad. El lugar cristiano en la sociedad necesita intencionalidad de quedarse firme contra un mundo corruptible que desensibiliza la naturaleza extrema de la devolución sexual de la sociedad. La intencionalidad solo puede ser motivada por un amor genuino porque genera una acción genuina.
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